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Relaciones humanas en la atención de personas con tuberculosis
Análisis y reflexión
Lunes, 06 de Junio de 2011 15:00

Compartimos este artículo publicado por el Boletín de Vigilancia de la Coremusa de La Libertad, en su edición Nº 9, marzo 2011. El artículo reflexiona en torno los aspectos de las relaciones humanas que se establecen entre los profesionales de la salud y los pacientes enfermos con tuberculosis.


 
Escribe: Hna. María Van der Linde, directora del ISDEN

 

Introducción:

Mucho se ha escrito sobre la relación que se establece entre el personal profesional de salud y el enfermo, y es necesario profundizar la reflexión para poder redefinir esta relación a la luz de los avances del reconocimiento universal de los Derechos Humanos, el aporte de la reflexión bioética y el avance tecnológico y científico en el campo de la salud. Hace pocos lustros era muy claro y a nadie se le ocurría poner en tela de juicio el modelo hipocrático-paternalista en la relación clínica, donde el profesional de salud, es él quien sabe lo que conviene al enfermo y le da las indicaciones que debe cumplir éste para recuperar su salud. Podemos identificarla como una relación vertical que se impone desde el poder del conocimiento que se ejerce sobre el enfermo. Lo importante en este modelo es que el enfermo obedezca las recomendaciones dadas.

Reflexiones preliminares necesarias

Esta relación se ha modificado, y podemos decir que cada vez existe más la conciencia que cada persona tiene autonomía sobre su vida y tomará las decisiones que respondan a su propio proyecto y convicciones. Ya no es el agente pasivo que recibe nuestras indicaciones, sino que se ha transformando en actor de su salud; pasa de objeto de nuestra atención a sujeto de su propia salud. Estos cambios se han producido con más fuerza a partir del reconocimiento universal de los DDHH, la Igualdad de las personas y sobre todo con el desarrollo de los principios de bioética en los últimos 40 años.

El profesional de salud por dedicarse a la vida de otros seres humanos debe tener muy en cuenta el aspecto ético y humanístico porque siempre se relaciona con el otro y en ésta relación se transmite lo que se “es” como persona y lo que se “hace” como profesional.

Conscientes de que la relación entre dos personas es mucho más compleja que el mecanismo más sofisticado del último aparato electrónico (o el cohete que fue construido en los últimos años), se tiene que tomar conciencia que a la persona nunca se puede programar, sino que cada relación humana es una nueva realidad personal y única que nos desafía a favorecer el desarrollo humano integral y social, tanto personal como comunitario. Cada relación significa un crecimiento mutuo, no solo se da, sino también se recibe.

En los últimos 60 años, se ha desarrollado la medicina más que en muchos siglos de nuestra historia. La tecnología ha invadido la relación humana y prácticamente está presente en todas las esferas de la atención. Estos avances científicos de los últimos años nos llevan a dar más atención al “curar” que al “cuidar”. Para el curar se requiere saber mucho de la enfermedad y se puede olvidar al enfermo-persona; el cuidar nos lleva saber, sobre la persona, su condición humana, su integridad y complejidad. Por eso la medicina no puede ser una ciencia de la naturaleza que trata al cuerpo como objeto prescindiendo del cuerpo vívido; su mente, su espíritu; es decir, del sujeto y, por tanto, de su biografía.

El cuidado de la persona con Tuberculosis

Al hablar de atención en tuberculosis tenemos que preguntarnos sobre el enfoque desde el cual nos acercamos al otro. Estamos ante el reto de tomar distancia de un enfoque tradicional que ve en el cumplimiento de las  indicaciones establecidas su objetivo principal, caí único, que corre riesgo de no lograrse si se prescinde de una mirada más integral, por lo que estamos llamados a revisar nuestras convicciones y estrategias profesionales para asumir un enfoque centrado en la persona humana poseedora de dignidad y actor activo, consciente y responsable de su propio proyecto de vida. Esto suele requerir un cambio de actitud de los profesionales, no dando por sentado que sabemos lo que más le conviene al otro, sino entrar en dialogo con él y juntos construir el cuidado en forma individual más adecuado en cada persona.

El término “alianza terapéutica”, primero utilizada en la psicoterapia, hoy en día se extiende cada vez más al  relacionamiento entre profesional y enfermo. La “alianza terapéutica”, asienta sus raíces en una visión integral u holística de la salud, y Goldstein, (2001) plantea que la tendencia actual es hablar de la alianza terapéutica como un componente relacional activo y consciente, que en su definición básica significaba la relación consensuada entre profesional y enfermo, reconociendo la influencia de uno y otro en la consecución de los objetivos del cuidado. Esto implica un mayor desarrollo ciudadano de los diferentes actores implicados.

En tuberculosis uno de los grandes retos es asegurar que la “Persona con TB” (PAT), active sus energías, su motivación de culminar el largo proceso de recuperar su salud, sin abandonarlo para así llevarlo a buen término. Muchos años para ello se buscaba la Adherencia del paciente a las indicaciones del profesional. Se consideraba un “buen” paciente al que cumplía y él que no era tan dócil a lo exigido por el personal de salud y preguntaba más se le consideraba como paciente “difícil”. Mosby (2009) define en el diccionario médico la adherencia como, el proceso en el cual una persona sigue reglas, pautas, o estándares, especialmente como un paciente sigue una prescripción y las recomendaciones para un régimen del cuidado. Esta concepción se fundamenta en que el personal de salud “sabe lo que le conviene” y “decide lo que se debe hacer” y el PAT debe adherirse a lo que el otro decide. A pesar que existe la preocupación de darle un buen servicio de salud, la PAT tiene un rol pasivo.

Relación de Concordancia, fue en el Reino Unido donde se va introduciendo este concepto y no se refiere al comportamiento de un paciente y la toma de medicina, sino a la naturaleza de la interacción entre el profesional y el paciente. Se basa en el dialogo horizontal que se establece entre dos personas, cada uno con sus saberes y en el espacio de la interacción se llega a la toma de decisión sobre el proceso recuperativo en forma conjunta. La concordancia es la base de un cuidado centrado en la persona del enfermo tomando en cuenta todas las dimensiones de la vida humana, nos referimos a una relación donde ambos personal de salud y paciente se transforman en sujetos, expresados muy oportunamente en el lema del MINSA.

 

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